“El
miedo de verse como un afeminado domina las definiciones culturales de
virilidad. Nuestros esfuerzos por mantener una fachada varonil cubren todo lo
que hacemos. Lo que usamos. Cómo caminamos. Qué comemos. Cada amaneramiento,
cada movimiento contiene un lenguaje codificado de género. Piensen, por
ejemplo, cómo contestar la pregunta: ¿Cómo sabe usted si un hombre es
homosexual? Cuando hago esta pregunta en clases o talleres, las respuestas
invariablemente proveen una lista bastante típica de conductas afeminadas.
Camina de una cierta manera, habla de cierta forma, actúa de cierto modo; es
muy emocional; muestra sus sentimientos. Una mujer comentó que ella sabe si un hombre
es gay si él se preocupa realmente de ella; otra dijo que ella sabe si él es
gay si no muestra interés en ella, si la deja sola”. (Kimmel, 1994, p.12)
En el
siguiente ejemplo, se plantea la pregunta si los hombres homofóbicos esconden
un sentimiento homosexual reprimido. Esto se da porque los hombres desde
pequeños están formados para rechazar cualquier situación que sea cercana o
parezca homosexual. Lo homosexual está relacionado con lo femenino y lo débil,
estas son características que un hombre viril debe rechazar completamente para
poder ser considerado “macho”.
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